Cri-cri: A 100 años de…

grillo¿Cuántas generaciones no disfrutaron del talento y legado que dejó Don Francisco Gavilondo SolerCri Cri“? Yo me incluyo entre ellos, pero me pregunto: ¿Cuántos padres actualmente siguen compartiendo este gran tesoro con sus hijos?

Recuerdo haber visto hace tiempo y recientemente pero no completa, la película biográfica donde Ignacio López Tarso lo personificaba y una escena en particular, con la cual me identifico, la cual no sé qué tan basada en la realidad esté:

El momento en que siente desilución de los niños que ya no actuan como tal; no saben jugar sanamente, les gusta la violencia (en la película juega un par de niños “a la guerra“) pero desde luego va más allá y es una constante desgraciadamente; y peor aún, va en aumento: La pérdida de la inocencia en los niños.

Sinceramente siento asco por la clase de educación que reciben, desde la ausencia de cultura en su educación: me ha tocado ver niños, que apenas si pueden caminar, tirando basura en la calle, en el transporte; arrojandola por la ventana y con una naturalidad que, ciertamente me deprime.

O también las actuales propuestas para ellos: por mencionar la más clara referencia: puTatiana, que me resulta tan falsa y en determinado caso la porquería en que convierte clásicos temas de dominio público, con los que muchos de nosotros llegamos a jugar -el patio de mi casa, por mencionar un caso-, o peor aún, el hecho que los escuches cantar cosas horrorosas: como el tema de la telenovela de moda; creo que lo único rescatable (y perdón por los que olvido -desconozco- pero por ahí están) es Mario Iván Martínez y existen otras alternativas por otros medios, como la barra infantil de Canal 11. ¿Pero de ahí en fuera?

De lo único que tengo certeza es que muero porque compartir con mis niñas (por venir -en un futuro… lejano-) todo ese tremendo legado y por permitirles, en toda la extensión de la palabra, ser niñas y que disfruten tal y como lo hice y lo sigo haciendo, yo, a mis casi 26 años, el escuchar estas canciones hermosas que me transporten o no a mi infancia; me dejan siempre un gran sabor de boca y mantienen vivo al niño que llevo dentro.

Finalmente, dejo una pequeña probadita:

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